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Darío Urzay
A Negative View-observador distante (horizonte)
2000
Pintura / Técnica mixta sobre tabla
Medidas:270x340 cm (Díptico)
C.A.C. ACS, Actividades de Construcción y Servicios, S.A.

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Procedencia:
Col. artista / Gal. Elba Benítez, Madrid / C.A.C.- Museo Patio Herreriano, Valladolid

Firma:
CERTIFICADO DEL AUTOR EN CADA UNA DE LAS PARTES DEL DIPTICO

Exposiciones:
2002 Darío Urzay. Pinturak 1997-2000. Pinturas, Sala Rekalde, Bilbao / 2002 Arte en España, 1977-2002, Sala Manege, Moscú

Bibliografía:
Arte en España 1977-2002. Obras de la Colección Arte Contemporáneo del Patio Herreriano, Museo de Arte Contemporáneo Español de Valladolid, Ministerio de Asuntos Exteriores, Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior, 2002, 31 y 82-83, rep. c; Darío Urzay. Pinturak 1997-2000. Pinturas, Sala Rekalde, Diputación Foral de Bizkaia, Bilbao, 2000, s.p. rep. c; Museo Patio Herreriano. Arte Contemporáneo Español, Colección Arte Contemporáneo y Ayuntamiento, Valladolid, 2002, 261, rep.c.

Comentario:
Artista que emergió a principios de los años ochenta con una obra de inspiración figurativa, a mediados de esa década Darío Urzay reorientó su creación plástica hacia los procesos generativos de la propia pintura. A través de un lenguaje no referencial, su análisis sobre los elementos constitutivos de la acción pictórica le llevó a experimentar con las materias, la pincelada y el gesto, la huella, la visión fragmentada, indefinida o borrosa. A raíz de sucesivas estancias en Londres y Nueva York, este componente experimental se fue acentuando con medios pictóricos como el óleo, y otros de procedencia industrial, como las pinturas metálicas, barnices y resinas, para más tarde adoptar desde 1991 la fotografía. Sus cuadros, muchas veces de formatos cuadrados y desplegados en dos o más piezas, asumieron la apariencia de fragmentos de magmas de color, de impactos de luz en los que se advertían superposición de estratos, juegos producidos por el azar de la mancha de color, junto a otros plenamente controlados, en los que el espectador se sentía inmerso en una especie de fluido de colores y formas imprecisos en proceso no terminado de sedimentación o solidificación. A negative view -Observador distante (Horizonte) conserva la idea de una imagen constituida por dos partes diferentes. Como en otras "Pinturas Negativas", Urzay confronta aquí una parte en negativo con otra en positivo. A base de grises y un óvalo azul, en la parte izquierda en negativo muestra precipitaciones de pigmento e impactos de luz circulares (aquí en negro) que remiten a obras suyas anteriores. El rojo dominante de la derecha es el color de la sangre y de los procesos vitales circulatorios, y evoca inmediatamente la idea de herida o de piel, también un tema recurrente. En la parte derecha se sugiere una tela con ondulaciones, pero su propio "estampado" vuelve a recordar una piel llena de capilares y pequeñas venas, proponiéndonos tal vez la ambigüedad de la idea de membrana o de tejido tanto orgánico como textil. Separando o uniendo ambas partes, un espeso derrame de negro nos habla de la importancia de lo fluido en la obra de Urzay, no solo porque físicamente trabaje con ello o lo represente, sino por ser metáfora de la creación desde lo caótico e informe. Cada cuadro es un umbral hacia un ámbito mucho más grande en el cual el espectador se adentra en un mundo microscópico agrandado hasta lo monumental, mostrando colores que se ramifican, manchas que irrumpen o resbalan, ramificaciones de apariencia orgánica que parecen pertenecer más al mundo de la bioquímica que al del arte. Estos efectos eran en un principio producidos por la trayectoria del fluido de color desplazándolo al mover el soporte, estrategia empleada por artistas del expresionismo abstracto pero que en Urzay queda "enfriada" por un tratamiento analítico que juega con los efectos emocionales pero conteniéndolos, para lo cual el uso de procedimientos digitales por ordenador le permitió eliminar el carácter directo de la mano y llegar a generar unas imágenes ambiguas entre lo natural y lo artificial y codificado. La superficie vítrea que las cubre constituye un elemento distanciador y reflectante que transforma la obra en un objeto misterioso. La transparencia de las gruesas resinas permiten ver, pero al mismo tiempo bloquea para la visión y el tacto la imagen que yace debajo, rodeándola de incógnitas sobre su constitución, que el espectador intenta desentrañar aproximándose a su superficie, en la que se ve desconcertantemente reflejado. Este gesto de aproximación y alejamiento es parte importante del propio proceso creativo del artista en el taller: una perspectiva que de cerca le induce a introducirse en los torrentes sanguíneos de la "pintura-biología". Esta posibilidad se le hurta al espectador en esa tensión entre el ver y el no ver que aporta la imperturbable compacidad de la resina vítrea. CB

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