Procedencia: Col. art., París / Gal. Jeanne Bucher, París / C.A.C.- Museo Patio Herreriano, Valladolid
Firma: FIRMADO, RUBRICADO Y FECHADO EN EL ANGULO INFERIOR IZQUIERDO: "Aguayo 63"
Bibliografía: Arte en España 1918-1994. Colección Arte Contemporáneo, Madrid, Alianza Editorial, 1995, 159, rep.c; Bozal, V., Pintura y escultura españolas del siglo XX, Madrid, Espasa Calpe, 1993, II, 208, rep. c.; Calvo Serraller, F., Las cien mejores obras del siglo XX. Historia visual de la pintura española, Madrid, Tf. Editores, 2001, 226, rep. c; Colección Amigos del C.A.R.S., cat., Madrid, M.N.C.A.R.S., 1989, 108-109, rep. c.; Colección Arte Contemporáneo, cat., Madrid, 1991, 132-133, rep. c; Museo Patio Herreriano. Arte Contemporáneo Español, Colección Arte Contemporáneo y Ayuntamiento, Valladolid, 2002, 266, rep.c
Comentario: Obra totalmente inmersa en el nuevo rumbo figurativo que tomó la pintura de Aguayo en los años 60, las peras están apenas esbozadas en términos de color y luz, buscando captar, como ha señalado Antonio Bonet Correa, las "calidades plásticas de la realidad recreada desde sí misma". El fondo terroso oscuro recuerda los bodegones zurbaranescos, pues el pintor se plantea en esos años una relectura de la pintura barroca española, y también se ve influido por la obra de Nicolas de Stäel. Las frutas están pintadas con matices tonales de amarillo, destacando su consistencia física, lo que Aguayo consideraba la presencia interior de los cuerpos, su "pesadez". Aunque no existe referencia tridimensional alguna, las frutas se disponen como una sucesión en dos planos que sugieren profundidad. Su corporeidad se hace patente no mediante una descripción realista de su forma y detalles, sino a través de su consistencia volumétrica levemente geometrizada.
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