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Angel Mateo Charris
La política del juego
1998
Pintura / Oleo sobre lienzo
Almacén del museo
Medidas:200x200 cm

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Procedencia:
Col. artista / Gal. My name's Lolita Art, Valencia / C.A.C.- Museo Patio Herreriano, Valladolid

Firma:
FIRMADO EN EL ANGULO INFERIOR IZQUIERDO ANVERSO: "CHARRIS"

Exposiciones:
1999, ARCO, Madrid, Gal. My Name's Lolita Art / 1999, I.V.A.M., Centre del Carme, Valencia / 2000, Centro Cultural del Conde Duque, Madrid

Bibliografía:
Ángel Mateo Charris, Valencia, I.V.A.M. Centre del Carme y Madrid, Centro Cultural del Conde Duque, 1999, 88, rep. c; Museo Patio Herreriano. Arte Contemporáneo Español, Colección Arte Contemporáneo y Ayuntamiento, Valladolid, 2002, 297, rep.c

Comentario:
Charris ha desarrollado su obra como un continuo diálogo con la pintura, el cine, la publicidad y un repertorio muy variado de imágenes, pero no incorporando citas explícitas sino participando en los mundos creados por aquellos, para hacerlos propios. Su "repaso" artístico nada tiene que ver con el Pop ni con el hicieran los equipos Crónica y Realidad, aunque no hay que olvidar que Charris se formó artísticamente en Valencia, donde se había desarrollado y seguía teniendo impacto la figuración ecléctica y crítica de aquellos. La apropiación de estilos e imágenes responde a una necesidad que se manifestó en él desde sus primeras experiencias creativas, y que más tarde expresaría un sentido -compartido por otros artistas de su generación- que se ha llamado "neometafísico" y que fue presentado en la exposición Muelle de Levante, en 1995. El clima creado por Giorgio de Chirico, o por Edward Hopper se traducía a sus lienzos en una pintura de escenarios certeramente descritos, preparando las situaciones con tanto cuidado en la transcripción de lugares, espacios y luces, que la ficción representada en ellos cobraba visos de verosimilitud. En La política del juego la escena se compone de tres figuras de golfistas en un amplio campo. Charris ha partido de una fotografía casi idéntica, pero de formato apaisado. En el cuadro las figuras están situadas en un plano medio que deja libre el primer término, alejándolas del espectador y enfatizando la sensación de vacío. Llevan máscaras africanas, particular homenaje del pintor al arte africano que descubrió al tiempo que a Hopper durante un primer viaje a Nueva York en 1986. Las máscaras son, de izquierda a derecha, Dan de Costa de Marfil, Kifwebe de Zaire, y Fang de Gabón. Pero -como ha señalado Gail Levin en el catálogo del IVAM- Charris toma estas máscaras africanas del catálogo de una gran exposición sobre primitivismo y arte contemporáneo celebrada en el MOMA. Así, su reflexión sobre la pintura se hace en base a la historia del arte y los diversos repertorios de formas a su vez empleados por los artistas modernos. Pero hay otro elemento que se suma a la impersonalidad de estos tres golfistas cubiertos con máscaras, en un efectivo contraste con el entorno burgués de la escena. Los tres hombres se disponen a golpear una única pelota, en una acción impensable en buena ley de juego, cuya razón de ser matiza el título del cuadro: la política del juego es la política del poder, la competitividad salvaje enmascarada en términos civilizadamente amables. CB

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