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La actividad surgió con motivo de la primera exposición temporal celebrada en el museo. La presencia en la misma de obras que en la década de los ochenta revisan el lenguaje minimalista junto a las de tendencias neoexpresionistas, se utilizó para analizar las ideas de orden y desorden tomando como referencia para ello el análisis de todo lo que nos rodea, tanto la naturaleza como los objetos construidos por el hombre. La actividad combinó la visita a las salas de exposición con una posterior actividad de tipo práctico en el taller. Elegimos las obras de influencia minimal para trabajar el orden y la pintura neoexpresionista alemana y la nueva escultura británica para trabajar el desorden por el aparente caos que hay en ellas.
La visita comenzaba con aquellas obras que por su apariencia o características plásticas, servían para trabajar el concepto de desorden. Pero la conclusión a la que llegábamos era que siempre es posible encontrar un orden, incluso en el aparente desorden. A continuación se veían las obras que escogimos para trabajar el orden porque éste era explícito en ellas a través de la claridad de las formas geométricas.
En la actividad del taller la idea a desarrollar era descubrir que la geometría nos rodea. Consistía en una intervención en el espacio del claustro utilizando las paredes, el suelo, las ventanas y las mesas del taller. El objetivo era modificar su percepción del entorno y descubrir en el espacio en el que se encontraban, formas geométricas que se repiten, formas en escala, series, juegos de lleno y vacío, de manera que su visión modificase ese espacio con una intervención plástica de múltiples resultados. Antes de iniciar esta actividad se les mostraron imágenes fotográficas en las que la naturaleza, la arquitectura o el arte repiten un motivo reducible a forma geométrica. El espacio del taller se repartía entre las familias que participaban. Utilizaban cinta aislante de colores para crear líneas que delimitaban las formas, las cuales decidían si hacían llenas o vacías con una serie de cartulinas de colores. El resultado final de su intervención tenía un carácter efímero, motivo por el cual se tomaba una fotografía polaroid de la misma que se les entregaba como resultado material de la actividad.
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