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Dibujos - Fondo Ángel Ferrant




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Introducción:

La dedicación de Ángel Ferrant al dibujo fue intensa y recorrió toda su vida desde sus primeros juegos infantiles con lápiz, papel y tijeras, hasta 1961, el mismo año de su muerte. Aparte de una revista escrita e ilustrada por él en 1904 y de algunos dibujos, óleos y acuarelas muy tempranos, poco nos ha llegado de su etapa de formación. El conjunto de dibujos del Museo Patio Herreriano es el mayor conservado; procede directamente de la colección del artista y sus herederos. No ha sido dispersado, se halla en un muy buen estado de conservación y presenta una gran continuidad desde 1931 hasta 1957. Las técnicas que emplea son diversas: el lápiz de grafito, el gouache y la acuarela, el óleo, el lápiz de color, las tintas grasas, la tinta china, el collage, etcétera. Los papeles son de diversos tipos y calidades, aunque el más abundante es un papel avitelado continuo de bajo gramaje que el artista recortó con tijeras a un tamaño similar al de cuartilla. Por ello muchas veces las hojas presentan diferencias de milímetros y una cierta irregularidad en el corte. Este conjunto de papeles pequeños, datado en 1955, es muy abundante y está realizado a lápices de colores y en algún caso a tinta. Hay que señalar que muchos de estos dibujos de 1955 presentan doble versión. No son copias idénticas ni calcos, aunque Ferrant ya había utilizado el calco en los años treinta y principios de los cincuenta para obtener varios ejemplares, a modo de monotipo que luego terminaba individualizando cada estampación de distinta manera. Estas segundas versiones repiten el motivo, pero están íntegramente trazadas de nuevo con algunas alteraciones de color y forma que las hacen diferentes. Estas versiones hoy están dispersas en museos y colecciones, están firmadas y fechadas por Ferrant, pero comparándolas con las del Fondo Ferrant del Patio Herreriano, son claramente posteriores. Las realizadas en primer lugar tienen una mayor apariencia de tanteo y búsqueda formal y son por ello más directas. Una vez decidida y depurada la composición y su resolución, el artista las firmaba y enviaba a su amigo y benefactor Víctor Imbert en Barcelona, cuya inicial "V" escribió a lápiz rojo en el reverso de los originales de los cuales realizó la segunda versión.

El dibujo de Ferrant se caracteriza por un gran sentido experimental. Con él explora aspectos fundamentales que inicia en los años treinta y continúa posteriormente, de los cuales cabe destacar los siguientes: por una parte, la importancia del concepto de figura que, aunque esquematizada y transformada de muchas maneras, va a seguir siendo el núcleo de toda su creación. Por otra, la exploración de ideas para el tratamiento de esas formas y figuras que, ya provengan de su propio acervo, ya estén inspiradas en las vanguardias internacionales, el artista hace suyas en el dibujo y luego en muchos casos las lleva a la tridimensionalidad. Sin embargo, el camino no discurre siempre del dibujo a la escultura: muchas veces la limitación que supone la planitud del papel le resulta insuficiente, y por ello Ferrant hace maquetas o modela el barro para determinar el volumen atendiendo a una necesidad exploratoria que viene a ser equivalente a dibujar, pero que implica un contacto diferente con los materiales y el espacio. Por ello no existe una identificación ni una subordinación del dibujo a la escultura, sino un paralelismo en la creación, un lenguaje distinto que a veces confluye y a veces no. De 1955 data el más extenso conjunto de dibujos que corresponde a una difícil etapa de convalecencia por un grave accidente. En ese año, Ferrant dibuja febrilmente, haciendo un repaso por todas sus ideas gráficas, solucionando problemas plásticos y anticipando otras que traducirá a la escultura en los últimos años de su vida. Ante el papel Ferrant se mueve con total libertad, como en una pista de pruebas para hacer repertorios o viveros inagotables de formas que puedan ser retomados más tarde. Tanto si parte de la observación de la naturaleza, de las conquistas de las vanguardias, o de su propio potencial de imaginación y memoria, todo se somete a su propio filtro, propiciando un carácter gráfico específico.

C. B.


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